jueves, 7 de octubre de 2010

El Problema Teológico Parte I

El problema Teológico parte I

Yo que fui educado en la religión católica, que he sido practicante, que le conozco desde cerca, puedo desde este punto de vista hablar sin desconocimiento de causa, al menos no total, sin embargo, fiel a que la verdad hace libre a los hombres, intentaré tocar este delicado tema, con el debido respeto que me merecen todas las personas que son religiosas, este no es un intento por convencerlos de nada, es simplemente un compartir algo que quizá alguna que otra persona, sienta o piense lo mismo que yo, este cuestionarme que me movió a lo largo de 15 años a investigar, a preguntar, a intentar encontrar que hay de eso que me dicen que tengo que creer y que hay con la evidencia histórica, pero cuando analicé la historia de las religiones fue el golpe de la razón lo que me llevó a investigar y escribir esto que no es un artículo pues la mayoría ya esta escrito, es más bien una compilación de diferentes fuentes, en particular de 4 libros que recomiendo ampliamente su lectura que son :

1) La genealogía de la Moral - Friedrich Nietzsche
2) Tratado de ateología – Michel Onfray
3) El espejismo de Dios – Richard Dawkinks
4) Dios no es bueno – Chistopher Hitchens


Antes de ingresar en el tema del problema teológico, entraré en el problema religioso que es muchos más antiguo, más grande y que históricamente nos ha marcado a tod@s de una u otra manera.

EL PROBLEMA DE LA RELIGION

Todo el mundo tiene su teoría consentida sobre de dónde proviene la religión y porqué las culturas humanas la tienen. Ésta da consuelo y confort. Promueve la solidaridad entre los grupos. Satisface nuestras ansias de entender el porqué de nuestra existencia.

Sabiendo que nosotros somos el producto de la evolución darwiniana, nosotros deberíamos preguntar cuál presión o cuáles presiones ejercidas por la selección natural, favorecieron el impulso hacia la religión. La pregunta gana urgencia de las consideraciones darwinianas estándar sobre economía. La religión es tal desperdicio, es tan extravagante; y la selección darwiniana convierte en su objetivo a la eliminación del desperdicio. La naturaleza es un contador miserable; rencorosa hasta con los centavos, vigilante del reloj, y castiga hasta la extravagancia más pequeña. Sin descanso e incesantemente; como explicó Darwin, “la selección natural realiza escrutinios diariamente y a cada hora, por todo el mundo, de toda variación; hasta la más ligera, rechazando a la que es mala, preservando y añadiendo toda la que es buena. Silenciosamente e insensiblemente, trabajando, cuandoquiera y dondequiera que aparezca una oportunidad para mejorar a cada ser orgánico”. Si un animal silvestre habitualmente desempeña alguna actividad inútil; la selección natural favorecerá a los individuos rivales que dedican su tiempo y energía; en vez, a sobrevivir y reproducirse.

Los pueblos cazadores y recolectores como las tribus aborígenes de Australia presumiblemente viven en una forma parecida a como lo hicieron nuestros distantes antepasados. El filósofo de la ciencia neo-zelandés / australiano; Kim Sterelny señala un contraste dramático en sus vidas. Por una parte, los aborígenes son estupendos sobrevivientes bajo condiciones que ponen a prueba sus habilidades prácticas al máximo. Pero; continúa Sterelny, a pesar de lo inteligente que sea nuestra especie, nosotros somos perversamente inteligentes. Las mismas personas que son tan expertas sobre el mundo natural, y en cómo sobrevivir en él, simultáneamente atiborran sus mentes con creencias que son palpablemente falsas y para las cuales la palabra “inútil” es una generosa subestimación. El mismo Sterelny está familiarizado con los pueblos aborígenes de Papúa Nueva Guinea. Ellos sobreviven bajo arduas condiciones donde es difícil obtener alimentos; debido a su esfuerzo son poseedores de un “legendario y minucioso entendimiento de su ambiente biológico; pero lo combinan con profundas y destructivas obsesiones con la contaminación de la menstruación femenina y la brujería. Muchas de las culturas locales son atormentadas por el miedo a la brujería y a la magia; y por la violencia que acompaña a esos miedos”. Sterelny nos desafía a explicar “cómo podemos ser simultáneamente tan inteligentes y tan brutos”.

Aunque los detalles difieren a lo largo del mundo, ninguna cultura conocida carece de alguna versión de fantasías rituales de la religión que son consumidoras de tiempo; consumidoras de riqueza, provocadoras de hostilidades; contrarias a los hechos, y contraproducentes. Algunos individuos educados pueden haber abandonado la religión; pero todos fueron criados en una cultura religiosa de la cual ellos tuvieron que tomar una decisión conciente de separarse. El viejo chiste nor-irlandés: “Sí, ¿Pero eres tú un ateo protestante o un ateo católico?, está clavado con una verdad amarga.

¿Es la religión un placebo que prolonga la vida al reducir el estrés? Posiblemente; aunque la teoría debe enfrentar el desafío de los escépticos que señalan las muchas circunstancias en las que la religión en vez de aliviar el estrés, lo produce. Es difícil de creer; por ejemplo, que la salud es mejorada por el estado semi-permanente de culpabilidad mórbida sufrida por un católico romano poseído por la normal fragilidad humana y una inteligencia inferior a la normal. Quizás no es justo individualizar a los católicos. La comediante estadounidense; Kathy Ladman, observa que: “Todas las religiones son la misma: la religión es básicamente un sentimiento de culpa con diferentes días de fiesta”. En cualquier caso, hallo a la teoría del placebo no merecedora del masivamente extendido fenómeno de la religión. Yo no pienso que la razón por la cual nosotros tenemos religión, es que ésta redujo el nivel de estrés de nuestros antepasados. Esa no es una teoría lo suficientemente grande para hacer el trabajo; aunque puede que haya jugado un papel secundario. La religión es un enorme fenómeno y necesita una enorme teoría para explicarlo.

Aunque dar una respuesta a porque los humanos somos religiosos, es un reto formidable que tiene sus raíces en lo psicológico, en lo social, y en un concepto llamado selección grupal, o puede ser que los padres tratando de calmar las muchas preguntas que hacen sus hijos (lo cual todo padre conoce) simplemente se inventó una historia mágica que más tarde se convertiría en verdad para este niño y reprodujo esto con sus hijos y éstos con sus hijos y éstos con sus hijos hasta formar un cúmulo de información para ser considerada una religión o mitología.

¿cómo terminan las religiones?

Puede resultar igualmente útil e instructivo echar un vistazo al final de las religiones o de los movimientos religiosos. Los milleristas, por ejemplo, ya no existen. Y no volveremos a oír hablar del dios Pan más que en el tono más vestigial y nostálgico, ni de Osiris, ni de ninguno de los miles de dioses que en otro tiempo mantuvieron a personas en situación de franca esclavitud. Pero debo confesar una leve simpatía, que he tratado en vano de reprimir, por Sabbatai Sevi, el más imponente de los «falsos Mesías». A mediados del siglo xv polarizó a comunidades judías enteras de todo el Mediterráneo y el Levante europeo (y hasta de lugares tan remotos como Polonia, Hamburgo o incluso Amsterdam, la ciudad que repudió a Spinoza) con su afirmación de que era el escogido para devolver a los exiliados a Tierra Santa e iniciar la era de la paz universal. Su clave para la revelación residía en el estudio de la cabala (de moda otra vez desde hace poco gracias a una mujer del mundo del espectáculo estrafalariamente conocida como Madonna), y su aparición fue celebrada con desenfreno en sus asentamientos por las congregaciones judías, desde Esmirna hasta Salónica, Constantinopla y Alepo. (Como los rabinos de Jerusalén ya habían pasado antes por las inconveniencias de las afirmaciones mesiánicas prematuras, fueron más escépticos.) Mediante la utilización del cálculo cabalístico que convertía su propio nombre en un equivalente de «Mosiach» o «Mesías» a partir de un anagrama hebreo, tal vez se convenció a sí mismo, y sin duda convenció a los demás, de que él era el esperado. En palabras de uno de sus discípulos:

El profeta Nathan de Gaza anunció y Sabbatai Sevi predicó que quienes no enmendaran sus pasos no contemplarían el consuelo de Sión y Jerusalén, y que serían condenados a penar y al desprecio eterno. Y hubo arrepentimiento, un arrepentimiento como jamás se ha visto desde que se creó el mundo y hasta el día de hoy.

Esto no era terror «millerista» en bruto. Los especialistas y eruditos discutieron la cuestión con vehemencia y por escrito y, en consecuencia, disponemos de un buen registro de los acontecimientos. Estaban presentes todos los elementos de una verdadera profecía (falsa). Los fieles de Sabbatai nombraron a su equivalente de Juan el Bautista, un rabino carismático llamado Nathan de Gaza. Los enemigos de Sabbatai lo describieron como un epiléptico y un hereje y lo acusaron de quebrantar la ley. Dichos enemigos, a su vez, fueron lapidados por los partidarios de Sabbatai. Las asambleas y congregaciones religiosas estallaron en cólera y se lanzaron unas contra de las otras. En un viaje para anunciarse en Constantinopla, la embarcación de Sabbatai fue azotada por la tempestad y él reprendió a las aguas; y cuando fue encarcelado por los turcos su prisión se iluminó con llamas sagradas y dulces fragancias (o no, según las muchas versiones discrepantes). Haciéndose eco de una disputa cristiana muy violenta, los defensores del rabino Nathan y de Sabbatai sostenían que sin fe, el conocimiento de la Tora y la realización de buenas obras serían vanas. Sus oponentes afirmaban que la Tora y las buenas obras eran lo principal. El drama era tan completo en todos los aspectos que hasta los rabinos de Jerusalén obstinadamente contrarios a Sabbatai preguntaron en cierto momento que se les dijera si se había atribuido algún milagro o señal comprobable al presuntuoso que estaba contaminando a los judíos de alegría. Hombres y mujeres vendieron todo lo que tenían y se prepararon para seguirle hasta la Tierra Prometida.

Las autoridades imperiales otomanas tenían en aquella época mucha experiencia en ocuparse de desórdenes civiles entre minorías confesionales (estaban exactamente en el proceso de arrebatar Creta a los venecianos) y se comportaron con mucha mayor cautela de la que se supone que demostraron los católicos. Entendían que si Sabbatai iba a proclamar que su reino estaba por encima del de cualquier otro rey, p0r no hablar de reclamar una gran extensión de su provincia en Palestina, entonces era un contendiente secular, además de religioso, pero cuando llegó a Constantinopla, lo único que hicieron fue encerrarlo. El ulema, o autoridad religiosa musulmana, fue igualmente astuto. Recomendaron que no se ejecutara a este turbulento individuo para que sus entusiasmados fieles no «crearan otra religión».

El guión estuvo casi completo cuando un antiguo discípulo de Sabbatai, un tal Nehemiah Kohen, acudió a visitar a la guardia del gran visir en Edirne y denunció a su antiguo señor por prácticas inmorales y heréticas. Convocado a comparecer en el palacio del visir,y con el permiso para realizar el camino desde la cárcel acompañado de una procesión de seguidores salmodiando, se le preguntó al Mesías sin rodeos si aceptaría someterse al juicio de lo sobrenatural. Los arqueros de la corte le utilizarían como diana, y si el cielo desviaba las flechas se le declararía auténtico. Si se negaba a soportar la prueba, sería empalado. Si prefería rechazar de plano el dilema, podría afirmar que era un auténtico musulmán y se le permitiría conservar la vida. Sabbatai Sevi hizo lo que casi cualquier mamífero corriente habría hecho: realizó la profesión de fe habitual en el único dios existente y en su enviado y se le concedió una sinecura. Posteriormente fue deportado a una región del imperio que era casi un Judenrein, en la frontera entre Albania y Montenegro, y allí expiró, supuestamente, en el Yom Kippur de 1676, exactamente a la hora de la oración de la noche, cuando se dice que Moisés exhaló su último aliento. Su tumba, muy buscada, jamás ha sido identificada de forma concluyente.

Sus seguidores menos rigurosos se escindieron de inmediato en vanas facciones. Hubo quienes se negaron a creer en aquella conversón o apostasía. Otros sostenían que él se había convertido a la fe musulmana únicamente para ser un Mesías aún mayor. Hubo quienes opinaban que tan solo había adoptado un disfraz. Y, por supuesto, ataban también los que afirmaban que había ascendido a los cielos. Sus auténticos discípulos adoptaron la doctrina de la «ocultación», algo que, no debe sorprendernos, supone la fe en que el Mesías, inaccesible para nosotros, no ha muerto en absoluto, sino que espera el momento en que la humanidad esté preparada para su suntuoso regreso. (La «ocultación» es también el término empleado por los chiíes devotos para describir la actual y prolongada situación del Duodécimo Imán o «Mahdi»: un niño de cinco años que, según parece, desapareció de la vista de los seres humanos en el año 873.)

De modo que la religión de Sabbatai Sevi se acabó y sobrevive únicamente en la pequeña secta sincrética de Turquía conocida como «dónme», que oculta su lealtad a los judíos bajo un manto exterior de práctica ritual islámica. Pero si su fundador hubiera sido condenado a muerte todavía estaríamos oyendo hablar de ella y de las rebuscadas excomuniones mutuas, lapidaciones y cismas a las que sus seguidores se habrían entregado a continuación. Lo que a día de hoy más se parece a esto es la secta hasídica conocida como «habad», el movimiento Lubavitcher liderado antiguamente (y, según algunos, todavía) por Menachem Schneerson. Se confiaba en que la muerte de este hombre en Brooklyn en 1994 diera lugar a una era de redención, lo cual dista mucho de haber sucedido. Ya en 1983 el Congreso de Estados Unidos estableció un «día» oficial en memoria de Schneerson. Exactamente igual que todavía existen sectas judías que sostienen que la «solución final» nazi fue un castigo por vivir exiliados de Jerusalén, así también hay quien mantiene la política de los tiempos del güero de situar en las puertas a un vigilante cuya misión consiste en alertar a los demás si llega inesperadamente el Mesías.(«Es un trabajo fijo», se cuenta que comentó en tono defensivo uno de estos vigilantes.) Áaanalizar las religiones que no llegaron del todo a serlo y podrían haberlo sido, tal vez experimentemos un ligero sentimiento de patetismo, si no fuera por el estruendo continuo de los demás sermoneadores, todos los cuales afirman que es su Mesías, y no el de ningún otro, al que hay que esperar con veneración y servilismo.

En todo caso, si vemos la historia de la humanidad, todas las que ahora reconocemos como mitologías han caído inexorablemente ante el paso del tiempo, es curioso que los egipcios consideraran la suya como la verdadera, los mayas creían en la suya, los romanos en la suya, y si extrapolamos, a la cultura de turno le gusta pensar que la suya es la verdadera, pero que con el paso del tiempo, igual que antes sucedió, se demostrará que no es más que una mitología, que influye en nuestra cultura, que corona tenemos los actuales moradores de la tierra para que nuestra religión sea la definitiva, creo en verdad que no lo es, que es solo otra mitología más. Este hecho histórico que no necesita conocimiento científico para ser entendido, también recalca el ya conocido dicho, “los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla”.

El problema de la Moral, ¿Porqué somos buenos?

Muchas personas religiosas encuentran difícil imaginar cómo; sin religión, uno puede ser bueno; o hasta desearía ser bueno. Pero las dudas van más allá; y conducen a algunas personas religiosas a paroxismos de odio en contra de aquellos que no comparten su fe. Esto es importante; debido a las consideraciones morales que yacen escondidas tras las actitudes religiosas hacia otros tópicos que no tienen una conexión real con la moralidad.

Le pido al amable lector(a) que haga el siguiente ejercicio mental, intente contestar si : son los padres que defienden ferozmente sus crías en el mundo animal, buenos?, incluso en el mejor amigo del hombre, el perro, hay historias de cómo salvan vidas humanas, es este comportamiento altruista bueno ? se necesita tener alguna religión para querer invitar a un conocido a nuestra casa, luego de que este nos hiciera un gran favor (agradecimiento).

¿Qué hay del efecto que provoca una pareja en un ser humano, sea este religioso o no?, esas mariposas en el estomago, tanto deseo por ayudar, adornar, mejorar la propia imagen, deseo de servir o proteger, etc, etc, innato en nosotr@s , se puede ser bueno sin ser religioso en el sentido peyorativo de la palabra?

Michael Shermer; en su libro: La Ciencia de Dios y del Mal, lo llama un interruptor de debates. Si usted está de acuerdo en que; en ausencia de Dios, usted “robaría, violaría y asesinaría”, usted se revela a sí mismo como una persona inmoral; “y nosotros seríamos alertados a mantenernos bien alejados de usted”. Si; por otra parte, usted admite que usted continuaría siendo una buena persona; aunque ya no bajo vigilancia divina, usted ha socavado fatalmente su afirmación de que Dios es necesario para que nosotros seamos buenos. Yo sospecho que una gran cantidad de personas religiosas sí piensan que la religión es la que las motiva a ellas a ser buenas; especialmente si ellas pertenecen a una de esas creencias que explotan sistemáticamente la culpa personal.

Para ser justo, gran parte de la Biblia no es sistemáticamente malévola sino simple y llanamente absurda; como podría esperar uno de una antología de documentos aislados amontonados caóticamente; compuestos, revisados, traducidos, distorsionados y “mejorados” por cientos de autores anónimos, editores y copistas, desconocidos para nosotros y mayormente desconocidos el uno al otro, a lo largo de nueve siglos.

Esto podría explicar algo de la absoluta extrañeza de la Biblia. Pero desafortunadamente, es este mismo extraño volumen al que se aferran los extremistas religiosos como fuente de moralidad y reglas de vida.

Por supuesto; irritados teólogos protestarán diciendo que ya nosotros no tomamos literalmente al libro del Génesis. ¡Y ése es mi punto! Nosotros escogemos y tomamos cuales pedacitos de las Escrituras debemos creer; cuáles pedacitos debemos descartar como simbólicos o como alegorías. Tal escogencia es un asunto de decisión personal; tan personal, o tan poco personal, como la decisión del ateo de seguir este o aquel precepto moral sin ningún fundamento en lo absoluto. Si uno de éstos es una moralidad que “pasa volando por el asiento de sus pantalones”, igual es el otro.

¿Porqué debería un ser divino; con la creación y la eternidad en su mente, preocuparse una pizca por la malevolencia humana? Nosotros los humanos nos damos tantas ínfulas; como hasta engrandecer nuestros minúsculos pecados ¡hasta el nivel de la significancia cósmica!.

Como dijo el físico estadounidense ganador del Premio Nóbel; Steven Weinberg, “La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin ella, usted tendrá buenas personas haciendo cosas buenas y gente malvada haciendo cosas malvadas. Pero para que las buenas personas hagan cosas malvadas, se necesita a la religión”. Blaise Pascal, dijo algo similar: “Los hombres nunca hacen maldades tan completa y alegremente como cuando las hacen por convicciones religiosas”.

Mi principal propósito aquí no ha sido demostrar que nosotros no deberíamos obtener nuestra moralidad de las Escrituras (aunque esa es mi opinión). Mi propósito ha sido demostrar que nosotros (y eso incluye a la mayoría de las personas religiosas), de hecho, no obtenemos nuestra moralidad de las Escrituras. Si lo hiciésemos, guardaríamos estrictamente el Sabbath y pensaríamos que es justo y apropiado ejecutar a cualquiera que no lo hiciese.

En cuanto a la escritura se refiere nadie niega que, desde un punto de vista moral, Jesús es un enorme  mejoramiento frente al cruel ogro del Viejo Testamento. De hecho, Jesús, si es que él existió, (o quienquiera que escribió las Escrituras si él no existió), con toda seguridad fue uno de los grandes innovadores éticos de la historia. El Sermón de la Montaña está muy adelantado a su época. Su “ponle la otra mejilla” se anticipó a Ghandi y a Martin Luter King en dos mil años.

Pero la superioridad moral de Jesús apoya precisamente mi punto. Jesús no estaba contento con derivar su ética de las Escrituras de su crianza. Él explícitamente se apartó de ellas; por ejemplo, cuando desinfló las terribles advertencias sobre romper el Sabbath. “El Sabbath fue hecho para el hombre, no el hombre para el Sabbath” ha sido generalizado como un sabio proverbio. Debido a que una tesis principal de nuestro punto es que nosotros no derivamos; y no deberíamos derivar, nuestra moralidad de las Escrituras, Jesús tiene que ser honrado como un modelo de esa mismísima tesis.

Pero la teología y la teoría del castigo detrás de ella es aún peor. Se piensa que el pecado de Adán ha pasado hacia las posteriores generaciones a través de la línea masculina—transmitido por el semen, de acuerdo a Agustín. ¿Qué tipo de filosofía ética es esa, que condena a cada niño antes de que nazca, a heredar el pecado de un remoto antepasado? Agustín; de paso, quien correctamente se consideraba a sí  mismo como algo parecido a una autoridad personal sobre el pecado, fue el responsable de acuñar la frase “pecado original”. Antes que él, era conocido como “pecado ancestral”. Los debates y pronunciamientos de Agustín ejemplarizan; para mí, la nada saludable preocupación por el pecado de los primeros teólogos cristianos. Lenny Bruce en una forma correctamente sarcástica dijo que: “Si Jesús hubiese sido muerto hace veinte años, los niños de las escuelas católicas usarían pequeñas sillas eléctricas alrededor de sus cuellos en vez de cruces”.

En cualquier caso, (uno no puede evitar preguntarse), ¿A quién estaba tratando de impresionar Dios?. Presumiblemente a sí mismo. Para rematar todo, Adán, el supuesto perpetrador del pecado original, nunca existió: un hecho absurdo excusablemente desconocido por Pablo, pero presumiblemente conocido por un Dios que todo lo sabe (y por Jesús, si usted cree que él era Dios) —lo que socava la premisa fundamental de toda la tortuosamente malvada teoría. ¡OH, pero por supuesto, la historia de Adán y Eva sólo fue siempre simbólica ¿No es así?.

¿Simbólica? Así que; para impresionarse a sí mismo, ¿Jesús se hizo torturar y ejecutar, mediante un castigo a un inocente por un pecado simbólico cometido por un individuo no existente?. Un tanto raro no le parece, así como viciosamente desagradable.

Ama a tu prójimo

Jesús limitó a su grupo escogido para ser salvado; estrictamente a los judíos, en cuyo aspecto él estaba siguiendo la tradición del Viejo testamento, que era todo lo que él conocía. Hartung demuestra claramente que: “No matarás” nunca quiso significar lo que nosotros creemos que significa ahora. Significaba; muy específicamente, “No matarás judíos”. Todos esos mandamientos que hacen referencia al “prójimo” son igualmente excluyentes. “Prójimo” significa el compañero judío. Moses Maimonides, el altamente respetado rabino y médico del siglo doce, detalla el significado total de “No matarás” como sigue: “Si alguien mata a un solo israelita, él trasgrede un mandamiento negativo, porque las Escrituras dicen que no debes asesinar. Si alguien asesina voluntariamente en presencia de testigos, es muerto por la espada. No es necesario decir; que nadie es muerto si mata a un infiel” ¡No es necesario decir!

Un horripilante estudio elaborado por el psicólogo israelita; George Tamarin: él le presentó a más de mil niños escolares israelitas, con edades entre ocho y catorce años, el relato de la batalla de Jericó del Libro de Josué:
Josué le dijo al pueblo: “Griten, porque el SEÑOR les ha dado la ciudad. Y la ciudad, y todo lo que está adentro debe ser dedicado al SEÑOR para destrucción...Pero toda la plata y el oro; y las vasijas de bronce y hierro, son sagradas para el SEÑOR; ellas deberán ir al tesoro del SEÑOR”...Entonces ellos destruyeron totalmente toda la ciudad; tanto a hombres como a mujeres; jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, con el filo de la espada...Y ellos quemaron la ciudad con fuego, y todo lo que estaba dentro de ella. Sólo la plata y el oro y las vasijas de bronce y hierro pusieron ellos en el tesoro de la casa del SEÑOR.

Tamarin entonces le hizo a los niños un simple pregunta moral: “¿Piensan ustedes que Josué y los israelitas actuaron correctamente o no?” Los niños tenían que escoger entre A (aprobación total), B (aprobación parcial) y C (total desaprobación). Los resultados fueron polarizados: el sesenta y seis por ciento le dio aprobación total y el veintiséis por ciento desaprobación total; con muy pocos (el ocho por ciento) en el medio con aprobación parcial.

La justificación de la masacre genocida de Josué es religiosa en cada caso. Aún los de la categoría C, que la desaprobaron totalmente, lo hicieron; en algunos casos, oblicuamente, por razones religiosas. Los niños del experimento de Tamarin eran lo suficientemente jóvenes para ser inocentes. Presumiblemente, los salvajes puntos de vista que ellos expresaron, fueron los de sus padres, o los de su grupo cultural en el cual fueron criados.

Tamarin mantuvo un fascinante grupo de control en su experimento. A un grupo diferente de 168 niños escolares israelitas, le fue dado el mismo texto del Libro de Josué; pero con el nombre de Josué reemplazado por “General Lin” e Israel por “Reino Chino de hace 3000 años”. Ahora el experimento arrojó resultados opuestos. Sólo el siete por ciento aprobó el comportamiento del General Lin y el setenta y cinco por ciento lo desaprobó. En otras palabras, cuando su lealtad hacia el judaísmo fue removida del cálculo, la mayoría de los niños estuvo de acuerdo con los juicios morales que la mayoría de los humanos modernos compartiría.

La acción de Josué fue un hecho de bárbaro genocidio. Pero todo ello luce diferente desde un punto de vista religioso. Y la diferencia comienza temprano en la vida. Fue la religión la que hizo la diferencia entre los niños que condenaron el genocidio y los que lo aprobaron.

El problema moral de los libros sagrados como la biblia, Corán o tora es que La Biblia, el Corán o el tora,  es un plano arquitectónico para la moralidad grupal; completo con instrucciones para el genocidio; la esclavización de otros grupos, y la dominación mundial. Pero éstos libros  no son malévolos en virtud de sus objetivos; ni siquiera por su glorificación del asesinato, la crueldad, y la violación. Muchas obras de la antigüedad hacen eso—La Ilíada, las Sagas de Islandia, los relatos de los antiguos Sirios y las inscripciones de los antiguos Mayas; por ejemplo. Pero nadie está vendiendo a la Ilíada como el fundamento de la moralidad. Allí yace el problema. La Biblia es vendida; y comprada, como una guía de cómo las personas deberían vivir sus vidas. Y es; por mucho, el libro más vendido en el mundo en todos los tiempos.

La religión es una etiqueta para la enemistad y la vendetta de mi grupo contra otro grupo; no necesariamente peor que otras etiquetas como el color de la piel, el idioma, o el equipo de fútbol preferido, pero a menudo disponible cuando no lo están las otras etiquetas.

Pero no nos importen estas pequeñas diferencias de prioridad. El punto es que casi todos nosotros nos hemos movido hacia delante; en gran forma, desde los tiempos bíblicos. La esclavitud, que era asumida como normal en la Biblia y a lo largo de mucho de la historia, es abolida en los países civilizados en el siglo diecinueve. Todas las naciones civilizadas aceptan ahora lo que era ampliamente negado hasta la década de 1920; que el voto de una mujer, en una elección, o en un jurado, es igual al voto de un hombre. En las sociedades ilustradas de hoy (una categoría que no incluye; por ejemplo, a Arabia Saudita), las mujeres ya no son consideradas como una propiedad, como claramente lo eran en tiempos bíblicos.

Cualquier sistema legal moderno hubiera enjuiciado a Abraham por abuso infantil. Y si él hubiese llevado a cabo su plan de sacrificar a Isaac, nosotros lo hubiésemos condenado por asesinato en primer grado. Aún así, conforme a los mores de su época, su conducta era totalmente admirable; en obediencia a los mandamientos de Dios.

Similarmente, todos podemos estar de acuerdo en que la responsabilidad de la ciencia para aconsejarnos sobre valores morales, es problemática, para decir lo menos. Pero ¿Porqué se quiere realmente cederle a la religión el derecho a decirnos lo que es bueno y lo que es malo? El hecho de que ésta no tenga nada más que contribuir a la sabiduría humana no es ninguna razón para pasarle a la religión una licencia gratis para que nos diga que hacer. En todo caso, ¿Cuál religión? ¿En la que sucede que fuimos criados? ¿A cuál capítulo; entonces, de cuál libro de la Biblia debemos acudir?—porque ellos están lejos de ser unánimes y algunos de ellos son odiosos conforme a cualquier estándar razonable. ¿Cuántos literalistas han leído lo suficiente de la Biblia para saber que la pena de muerte está establecida para el adulterio, por recoger ramitas durante el Sabbath y por dirigirse imprudentemente a los padres?.

Espero que el punto “se puede ser moralmente bueno sin ser religioso” haya quedado claro, la respuesta a esto es un rotundo SI se puede, y la moral no tiene que ver con la religión, explicar porque esto es así, escapa del alcance de este artículo, pero Richard Dawkings lo explica bastante bien con su término Zeitgeist en su libro “El espejismo de Dios” de donde he extraído gran parte de este material y que invito vehementemente a tod@s ustedes a que lean, si bien no por convicción, bien por cultura general, por curiosidad o bien por el desprecio que puedan sentir los fanáticos religiosos pero que les es necesario conocer la postura de sus adversarios (note por favor que yo no lo considero adversario, es solo una posible postura de aquellos fanáticos, pero si la más común).

y bueno, si han llegado hasta aquí, quiero felicitarlos por el bravo esfuerzo que supone leer algo que choca de primera impresión, es que les interesa el tema, como a mí también, espero recibir sus comentarios.

salu2 a tod@s y un saludo grande para Sonia allá en españa que cumplió años hace un par de días, espero que Adriel este bien.

Mr. Moon.
La vida es un 10% como viene y un 90% como la tomamos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, te quiero felicitar por el excelente articulo que has publicado, Sam Harris, en su libro el fin del la fé, expresa ideas semejantes a las planteadas por tí, Y sí, definitivamente se puede ser bueno, honesto, sin profesar un culto religioso.
saludos