martes, 5 de octubre de 2010

¿Cómo conseguir el efecto placebo más poderoso de todos?

El efecto placebo es algo realmente enigmático. Pese a que se da con mucha frecuencia en la práctica de la medicina, sabemos muy poco acerca de los mecanismos que lo producen. ¿Qué es lo que lleva a una persona a mejorar su estado de salud por el convencimiento de que lo que está tomando le funcionará? Sólo podemos bosquejar respuestas incompletas: Como la actuación de las endorfinas o dela dopamina asociada a un sistema de recompensa cerebral.
Lo que sí sabemos bastante bien acerca del placebo, gracias a la multitud de ensayos clínicos realizados con un grupo placebo, es qué factores potencian su efecto. Conociendo estos factores (que dependen tanto de las propiedades asociadas al placebo como de la persona y su enfermedad) podemos combinar todos ellos para “crear” el efecto placebo más potente posible. En la absoluta mayoría de las ocasiones, esto no tendría ninguna utilidad práctica ante la presencia de un tratamiento realmente efectivo pero, ¿qué ocurriría si la enfermedad es incurable, susceptible al placebo y no existen tratamientos efectivos contra ésta? ¿Sería ético y permisible potenciar el efecto placebo hasta sus límites para tratar de conseguir algo? Recordemos que para que exista un efecto placebo el paciente no debe saber que lo es.
A continuación, describimos los pasos para conseguir el efecto placebo más potente posible:
  1. El paciente debe tener un trastorno psicológico/psiquiátrico o un problema de salud cuyo principal síntoma sea el dolor. Ambas situaciones han demostrado, en infinidad de ocasiones, ser muy susceptibles al efecto del placebo, lo cual no es de extrañar si recordamos que uno de los mecanismos del efecto placebo son las endorfinas (moléculas producidas por el cuerpo humano para aliviar el dolor) y el otro a través de la dopamina (que se considera el neurotransmisor de la “felicidad”).
  2. El placebo debe ser muy “caro” y “nuevo”. Un placebo tiene mayor probabilidad de ejercer un efecto placebo más potente cuánto más caro sea (ya sea porque el paciente lo compre de su bolsillo o el médico le explique al paciente que se trata de un tratamiento carísimo). Varios estudios habían señalado este fenómeno previamente, pero fue particularmente famoso el estudio ganador del Ig Nobel de Medicina hace dos años que se centró en la investigación exclusiva de este hecho: An Ig Nobel prize for a study on placebo effects. Lo mismo ocurre con los placebos supuestamente novedosos. Si un tratamiento con placebo es “muy caro y nuevo” el paciente tendrá una mayor expectativa y convencimiento de que lo que está tomando le funcionará.
  3. Cuanto más drástico sea el tratamiento con el placebo, mayor efecto. Se ha comprobado que el efecto placebo más potente se da con la cirugía placebo (una simulación de una cirugía curativa), en menor grado inyecciones con placebo, seguidas de las cápsulas de placebo y, en último lugar, las pastillas de placebo. Además, cuanto más grandes sean las cápsulas y pastillas, se dará un mayor efecto ya que la persona se pensará que contiene mayor cantidad de medicina.
  4. La dosis es importante. Cuántos más placebos al día mejor. Los placebos que tienen que ingerirse varias veces al día (en torno a 4 veces) causan un mayor efecto placebo que aquellos que sólo se ingieren una vez al día o cada varios días.
  5. Se debe cuidar la apariencia del placebo: Su nombre comercial, marca, sabor, forma y color. El nombre del placebo tiene más valor de lo que podríamos pensar en un primer momento e influye en cómo el paciente lo percibe. La gente responde más al placebo si están etiquetados con una marca conocida de confianza que si se tratan con placebos de “marca blanca”. Además, el nombre comercial, la forma, sabor y color del placebo debe ser adecuado y sugerente para el problema que se está tratando. Por ejemplo, los colores verdes y azules son más adecuados para tratamientos relajantes mientras que colores rojo o amarillo son más útiles para aquellos estimulantes, el color marrón es el mejor para los laxantes.
  6. El médico debe tener prestigio, ser de confianza para el paciente y debe alabar extensamente y publicitar los “beneficios” del placebo. Cuánto más tiempo dedique el médico a explicar la supuesta utilidad beneficiosa del placebo, siendo tajante en sus “afirmaciones” y aportando seguridad en su eficacia, mayor efecto placebo se inducirá después. Así por ejemplo, en lugar de decir “podría ayudar a curarle” habría que decir que “le curará”.
Cómo se habrán dado cuenta tras leer los pasos, para potenciar el efecto placebo hay que potenciar el arte del engaño, lo cual viene acompañado de claros dilemas éticos en la práctica. Pero hay situaciones en las que puede ser una alternativa útil y ética cuando no existe o no están a mano tratamientos efectivos. Se ha documentado que en algunas zonas de guerra, dónde no quedaba apenas morfina, se utilizaban soluciones salinas inyectadas y funcionaban bastante bien para aliviar el dolor. Si algo tenemos claro con respecto a este extraño fenómeno es quela eficacia de un placebo es directamente proporcional a la eficacia aparente que se le supone, siempre que la enfermedad o la persona sean susceptibles a tal efecto, por supuesto.


salu2 a tod@s
Mr. Moon. 
la vida es un 10% como viene y un 90% como la tomamos

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